3.2 La Historia

OPINIONES

La Historia


RESUMEN: he aquí una consideración de la historia audaz y desafiante, incompleta y discutible, con la que posiblemente algunos especialistas no estarán de acuerdo, sucede frecuentemente cuando sucintamente definimos algo, teniendo en cuenta solo lo más esencial y dejando a un lado detalles y sutilezas.


La historia es, en clave, la esencia de lo que refiere. Es la narración de un proceso, natural o social, que identifica en lo más profundo al ente que describe, persona o cosa, objeto o concepto. Al contemplar su origen, desarrollo, y consagración, dilución y desaparición, o sea, cumplimiento de su acción, perdida de su identidad y finalmente dejar de existir como la individualidad que era.

La historia es el desnudamiento del tiempo. La expresión de lo que en el tiempo no siempre se ve. La conciencia de lo que la cosa es, de lo que somos, la fuente para enfrentar con mayor comprensión el futuro.

La historia se sirve de otras muchas ciencias, según el objeto a su consideración, algunas objetivas en sus procedimientos como la geología, la antropología, la paleontología, la astronomía, la física, la biología y la medicina, otras con un componente subjetivo mayor, pero a pesar de ello muy importantes, como la psicología, la sociología, y por último, de los documentos conservados a partir del conocimiento de la escritura.

La historia no solo describe, también interpreta, y al hacerlo suele apoyarse en las ciencias naturales y sociales. La objetividad ultima de la historia, como la de cualquier asignatura sujeta a interpretación, es un absurdo, el hombre tiene un sistema de creencias que se expresaran en ella. Cada vez con mayor amplitud, no solo en la historia, también en las ciencias consideradas más objetivas, las hipótesis últimas se adoptan por consenso.

Se dice, y con razón, que la historia la escriben los vencedores, en el sentido de que los documentos mayormente conservados pertenecen a las más grandes civilizaciones, y dentro de estas, con predominio del criterio de las clases dominantes. Pese a ello, lo realmente determinante podemos deducirlo hasta de las propias falsedades de los documentos que analizamos. La situación de todos podemos inferirla indirectamente de la ropa que vestían, los alimentos que comían, como enterraban a sus muertos, formaban una familia, en fin, por las reglas impuestas para su vida social. Y, vistos de lejos, sin intereses inmediatos de por medio, el mundo, las sociedades, y el hombre, nos resultan casi desconocidos al proyectar menos, en ellos, nuestros deseos.

Incluso nuestra propia historia, si la repasamos con detenimiento y sinceridad, puede sorprendernos. Nuestro involucramiento hace ineficaz la introspección de lo cotidiano, lo que está muy atenuado cuando consideramos el pasado.

La historia es la evolución del comportamiento, la descripción del fenómeno que se escapa por nuestro involucramiento, o nuestra escala temporal. La historia de cualquier “cosa” nos habla y descubre lo realmente importante de ella. Es el modo de estudiar los fenómenos cuya duración es mayor que la duración de nuestra vida. Tenemos que aprender a descubrir la línea de propósito que toda historia entraña. La historia del universo, la historia de la tierra, la historia de la vida, del hombre, de las sociedades, de las culturas.

El enfoque histórico de lo que ha sucedido en el universo, ambicioso y fecundo, es el bosque lleno de diversos árboles. No agota el tema. El universo lo abarca todo. Guarda innumerables ideas. Hay que abordarlo por partes y en detalle, en un infinito anidamiento de historias.

La historia es también un instrumento de propaganda en manos de las ideologías, donde la exaltación desmesurada de sentimientos patrios u otros, se utiliza para evitar reclamos del pueblo por las incompetencias del gobierno, donde cada partido iguala patria o nación con sus intereses, de modo que no identificarse con sus ideas equivale a traicionar la patria. Donde nuevos mesías lideran programas más allá de sus propias fronteras y en detrimento de sus pueblos, para satisfacer su megalomanía. O grupos de intereses dicen trabajar a favor de la humanidad cuando en realidad lo hacen a favor de su propio provecho geopolítico. La historia, en dependencia de quien la escriba, pudiera ser también una sarta de mentiras.

Allí donde la democracia permite el libre flujo de las ideas, de todas las ideas, y las personas naturales tienen la libertad de organizarse como se les antoje, podrá equilibrase la acción de los vendedores de utopías, de los aprovechados de turno, y de los que ponen la información en función de la propaganda de los que detentan el poder. Allí donde la educación pueda efectuarse desde todos los espacios, públicos y privados, laicos y religiosos, permanecerá la verdad.

 

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